
El amor en su máxima expresión

Introducción
En nuestra cultura muchas veces queremos disfrutar de los beneficios del amor sin asumir el costo que implica amar verdaderamente.Traducimos el significado del amor a lo nos resulta favorable. El amor que Jesús nos enseñó es totalmente contrario a esa idea, es un amor que no se limita a palabras, emociones o buenos deseos.
Sin embargo, el amor bíblico siempre produce una respuesta. Ser hijos de Dios no es algo pasivo, sino activo, al contrario con la mentalidad actual sobre el amor:
Queremos recibir, pero no siempre estamos dispuestos a servir
Queremos que nos comprendan, pero no siempre queremos ceder
Y hacemos lo mismo con nuestra vida cristiana: queremos seguir a Jesús, pero sin que eso implique renunciar a nuestra comodidad.
Dios nos amó primero y demostró ese amor enviando a Jesús, y nosotros respondemos a ese amor viviendo de una manera que lo refleje. No podemos ser como “agentes 007”, viviendo nuestra fe en secreto y esperando que nadie se dé cuenta de que seguimos a Jesús. El amor de Dios debería poder verse en nuestras decisiones, en nuestra manera de tratar a otros, en nuestro servicio, en nuestra obediencia y también en aquello que estamos dispuestos a sacrificar.
La salvación es un regalo de gracia que jamás podremos ganar por nuestros propios méritos. No servimos, obedecemos o nos sacrificamos para conseguir que Dios nos ame más. Lo hacemos porque ya hemos recibido su amor. Nuestra vida se convierte en una respuesta de gratitud a lo que Cristo hizo por nosotros.
¿Cómo podemos expresar nuestro amor a Jesús?
1. Servicio: a Dios, a los demás
Una de las expresiones más concretas del amor es el servicio. Cuando realmente amamos a alguien, buscamos su bienestar y estamos dispuestos a poner nuestras capacidades, tiempo y recursos a su disposición. Por eso, servir no debería ser simplemente una actividad que hacemos dentro de la iglesia, sino una manera de vivir que demuestra el amor que hemos recibido de Dios.
1 Pedro 4:10-11 Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros. ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén.
Esto significa que nadie está vacío de propósito. Dios nos ha dado algo que puede convertirse en una bendición para otros. Algunos tienen facilidad para enseñar, otros para animar, ayudar, liderar, escuchar, organizar, dar o acompañar. El punto no es qué don tenemos, sino qué hacemos con aquello que Dios puso en nuestras manos.
Jesús llevó esta idea todavía más lejos. En Marcos 10:43-45, después de hablar de su sufrimiento y muerte, enseñó que en su Reino la grandeza no se mide por cuántas personas nos sirven, sino por nuestra disposición a servir.
Marcos 10:43-45 Pero entre ustedes será diferente. El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser esclavo de los demás. Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos».
Jesús no solamente habló acerca del servicio; su vida fue una demostración de servicio. Él sirvió cuando era conveniente y cuando no lo era, cuando recibía reconocimiento y cuando era rechazado. Por eso podemos decir: sirvo porque amo. Nuestro servicio no debería estar condicionado a que nos agradezcan, nos reconozcan o nos devuelvan algo. Servimos porque hemos entendido que amar significa entregarnos por el bien de otros.
¿Qué ejemplos de servicio podemos encontrar fuera de la iglesia: en una familia, un trabajo, una amistad o incluso con un desconocido?
¿Qué creen que quiso enseñar Jesús al relacionar el liderazgo con el servicio?
¿Qué cosas hacen que un servicio deje de ser una obligación y se convierta en una expresión de amor?
2. Disciplina como una expresión de amor
Cuando pensamos en amor, generalmente pensamos en aceptación, cariño, compañía y palabras de ánimo. Sin embargo, la Biblia también presenta la disciplina como una expresión de amor.
Hebreos 12:5-6 ¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del SEÑOR y no te des por vencido cuando te corrige. Pues el SEÑOR disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo».
Deuteronomio 8:5 Ten por cierto que, así como un padre disciplina a su hijo, el SEÑOR tu Dios te disciplina para tu propio bien. »Por lo tanto, obedece los mandatos del SEÑOR tu Dios andando en sus caminos y temiéndolo.
La disciplina de Dios no tiene como objetivo destruirnos, sino formarnos. Deuteronomio 8:5 compara esta relación con la de un padre que disciplina a su hijo para su propio bien. Dios no corrige porque dejó de amarnos; corrige precisamente porque nos ama demasiado como para dejarnos permanecer en aquello que nos hace daño.
El salmista entendía esto, por eso encontramos una gran variedad de versículos que hablan acerca de la disciplina de Dios y cómo ella es buena para enseñarnos a vivir en lo correcto.
Salmos 119:67 Yo solía desviarme, hasta que me disciplinaste; pero ahora sigo de cerca tu palabra. Tú eres bueno y haces únicamente el bien; enséñame tus decretos.
Salmos 119:71 El sufrimiento me hizo bien, porque me enseñó a prestar atención a tus decretos.
También necesitamos aprender a recibir corrección. Una persona que ama a Dios no solamente acepta sus promesas, sino también su corrección. La Palabra de Dios, según 2 Timoteo 3:16, nos enseña, nos muestra lo que está mal, nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.
2 Timoteo 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.
Pero esta verdad también se aplica a nuestra relación con otros. Si amamos, debemos aprender a corregir con amor cuando sea necesario. Disciplinar no significa controlar, humillar o condenar. La verdadera disciplina busca restaurar, formar y ayudar a una persona a crecer. El amor no siempre dice lo que la otra persona quiere escuchar; muchas veces dice lo que necesita escuchar.
¿Qué diferencia hay entre una corrección que nace del amor y una corrección que nace del enojo?
¿Cómo reaccionas normalmente cuando alguien te corrige?
¿Cómo podemos crear relaciones donde exista libertad para corregir y ser corregidos con amor?
3. Sacrificio
El amor verdadero tiene un costo. Romanos 12:1 nos llama a presentar nuestro cuerpo como un “sacrificio vivo y santo” para Dios. Esto significa que nuestra adoración no se limita a cantar, levantar nuestras manos o asistir a una reunión. Nuestra vida completa puede convertirse en una expresión de adoración cuando decidimos entregársela a Dios.
Romanos 12:1 Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo.
Jesús fue claro acerca del costo de seguirlo, Él dijo que quien quisiera ser su discípulo debía abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz cada día y seguirlo. El discipulado implica renunciar a nuestra voluntad cuando entra en conflicto con la voluntad de Dios. No se trata solamente de creer en Jesús, sino de permitir que esa fe transforme nuestra manera de vivir.
Lucas 9:23 Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme.
No podemos seguir a Jesús aferrándonos a todo como si nada tuviera que cambiar, Jesús debe ocupar el primer lugar. Esto no significa que todos debamos abandonar literalmente todas nuestras posesiones, sino que nada puede convertirse en algo más importante que nuestra obediencia a Él.
Lucas 14:33 Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees.
Pablo nos llama a imitar a Dios y a vivir una vida llena de amor siguiendo el ejemplo de Cristo, quien “se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros”. Jesús no amó solamente con palabras. Su amor le costó tiempo, incomodidad, rechazo, sufrimiento y finalmente su propia vida.
Efesios 5:1-2 Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.
Por eso, amar como Cristo implica estar dispuestos a pagar un precio. Todo lo que realmente vale la pena en nuestra vida nos costará algo: tiempo, dinero, comodidad, esfuerzo o incluso renuncias. La pregunta no es si amar tendrá un costo, sino qué estamos dispuestos a entregar por aquello que consideramos verdaderamente valioso.
¿Qué crees que revela acerca de nuestras prioridades aquello por lo que estamos dispuestos a sacrificar?
¿Qué ejemplos de sacrificio vemos todos los días en personas que aman: padres, amigos, matrimonios, compañeros, líderes, etc.?
Cuando Jesús dice que debemos tomar nuestra cruz, ¿qué creen que significa eso en la vida cotidiana de un cristiano?
4. Obediencia
Juan 14:15 Si me aman, obedezcan mis mandamientos.
Juan 14:21 Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos.
Esto nos confronta porque no es posible decir que amamos a Dios y, al mismo tiempo, vivir constantemente ignorando lo que Él nos pide. Podemos cantar acerca de nuestro amor por Él, hablar de nuestra fe y asistir a la iglesia, pero nuestra obediencia revela cuánto estamos dispuestos a llevar ese amor a la práctica.
1 Juan 5:3 Amar a Dios significa obedecer sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga difícil de llevar.
La obediencia no debería verse simplemente como una lista de reglas que debemos cumplir para agradar a un Dios distante porque ella es la respuesta de alguien que confía en el corazón de un Padre que quiere nuestro bien.
La salvación es un regalo que no se rige por nuestro comportamiento, sin embargo nuestro comportamiento es un resultado de nuestra salvación. Vivir con temor a Dios, de una manera que le agrade, amarlo y servirlo es lo que Dios espera de nosotros. Obedecer sus mandatos es para nuestro propio bien.
Deuteronomio 10:12-13 Y ahora, Israel, ¿qué requiere el SEÑOR tu Dios de ti? Solo requiere que temas al SEÑOR tu Dios, que vivas de la manera que le agrada y que lo ames y lo sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma. Debes obedecer siempre los mandatos y los decretos del SEÑOR que te entrego hoy para tu propio bien.
La obediencia nace de una relación. No obedecemos para convertirnos en hijos; obedecemos porque somos hijos y confiamos en nuestro Padre.
¿Por qué creen que la palabra “obediencia” a veces genera una reacción negativa en las personas?
¿Puede alguien decir que ama profundamente a una persona y al mismo tiempo ignorar constantemente lo que esa persona le pide? ¿Qué opinan?
¿Qué diferencia hay entre obedecer por miedo y obedecer porque confiamos en quien nos está dando la instrucción?
Conclusión
Si Jesús nos demostró su amor sirviendo, obedeciendo y sacrificándose, ¿cuánto más nosotros deberíamos responder de la misma manera? No podemos experimentar el amor de Cristo y permanecer exactamente iguales. Su amor no solamente nos salva; también transforma nuestra manera de vivir.
La gracia nos recuerda que nunca podremos ganarnos la salvación. No somos aceptados por Dios porque servimos lo suficiente, porque somos suficientemente buenos o porque hacemos suficientes sacrificios. Somos aceptados por lo que Cristo hizo por nosotros. Pero cuando comprendemos verdaderamente esa gracia, nuestra respuesta natural debería ser una vida entregada.
Por eso, no servimos para que Dios nos quiera más; servimos porque Él nos amó primero. No obedecemos para comprar su favor; obedecemos porque hemos entendido su corazón. No nos sacrificamos para demostrar que somos dignos; nos sacrificamos porque Jesús ya demostró cuánto valemos para Él.
El amor en su máxima expresión no consiste simplemente en sentir algo fuerte por Dios o por los demás. Es permitir que ese amor se convierta en acciones concretas: servicio, disciplina, sacrificio y obediencia.
Jim Elliot lo expresó de esta manera: “No es ningún necio el que da lo que no puede conservar para ganar lo que no puede perder.” El mundo puede enseñarnos a proteger nuestra comodidad, acumular cosas, buscar reconocimiento y evitar cualquier costo. Pero Jesús nos muestra un camino diferente: entregar nuestra vida por algo que tiene un valor eterno.
Al final, la verdadera pregunta no es cuánto podemos ganar en esta vida, sino qué estamos dispuestos a perder por aquello que realmente importa. Porque podemos ganar reconocimiento y perder propósito. Podemos ganar comodidad y perder obediencia. Podemos ganar cosas y perder nuestra oportunidad de amar. Pero cuando entregamos nuestra vida a Cristo, aquello que parece una pérdida desde la perspectiva del mundo puede convertirse en una ganancia eterna.
El cielo está lleno de perdedores que ganaron lo que importa, y el infierno está lleno de ganadores que perdieron lo que realmente importa.