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El gozo de creer

Pr. Fabian Ojeda
9/8/2026

Introducción

Todos hemos vivido momentos en los que pensamos: “Cuando esto se resuelva, voy a estar tranquilo”. Vivimos esperando el cuando... cuando llegue ese trabajo, cuando se solucione ese problema, cuando recibamos esa respuesta, cuando esa persona cambie, cuando las cosas finalmente salgan como esperamos. Dios nos llama a vivir en gozo, pero muchas veces, sin darnos cuenta, lo dejamos para después; es como si dijéramos: “Cuando vea que todo está bien, entonces voy a estar bien”.

El problema es que siempre puede aparecer algo que nos haga volver a esperar, y mientras esperamos, nuestra paz y nuestro ánimo quedan atados a lo que está pasando a nuestro alrededor. Si las cosas salen bien, estamos alegres; si salen mal, nuestro gozo desaparece.

Pero ¿qué pasaría si pudiéramos tener gozo aun cuando todavía no vemos la respuesta? ¿Qué pasaría si nuestra alegría no dependiera de lo que está ocurriendo afuera, sino de aquello que creemos acerca de Dios?

El gozo de creer nace cuando entendemos que nuestra fe no depende de lo que vemos, sino de lo que Dios ya ha dicho y hecho en Cristo.

Eso es precisamente lo que encontramos en la historia de Tomás. Los discípulos habían visto morir a Jesús y estaban atravesando miedo, incertidumbre y dolor. Pero después de la resurrección, algo había cambiado: Jesús estaba vivo. Los discípulos pudieron alegrarse porque lo habían visto, pero Tomás todavía no había tenido esa experiencia. Por eso dijo que no creería hasta ver y tocar las heridas de Jesús.

Juan 20:24–29 "24 Tomás, uno de los doce discípulos (al que apodaban el Gemelo), no estaba con los otros cuando llegó Jesús. 25 Ellos le contaron: —¡Hemos visto al Señor! Pero él respondió: —No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado. 26 Ocho días después, los discípulos estaban juntos de nuevo, y esa vez Tomás se encontraba con ellos. Las puertas estaban bien cerradas; pero de pronto, igual que antes, Jesús estaba de pie en medio de ellos y dijo: «La paz sea con ustedes». 27 Entonces le dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos; mete tu mano en la herida de mi costado. Ya no seas incrédulo. ¡Cree! 28 —¡Mi Señor y mi Dios! —exclamó Tomás. 29 Entonces Jesús le dijo: —Tú crees porque me has visto, benditos los que creen sin verme."

Tomás representa una lucha que muchas veces también tenemos nosotros: queremos ver para creer. Queremos ver la respuesta, el milagro, la puerta abierta o el cambio antes de volver a tener paz.

Sin embargo, Jesús le mostró a Tomás que existe una fe capaz de producir gozo aun cuando nuestros ojos todavía no pueden ver. Y esa es la invitación que encontramos también para nosotros: no necesitamos ver para creer; podemos creer y, porque creemos, podemos alegrarnos.

2 Corintios 4:18 "18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre."

La historia de Tomás nos muestra tres decisiones de fe que podemos tomar en medio de cualquier proceso: permanecer, creer y reconocer que Jesús está con nosotros.

A. NO TE AÍSLES EN EL PROCESO

Juan 20:24 "24 Tomás, uno de los doce discípulos (al que apodaban el Gemelo), no estaba con los otros cuando llegó Jesús."

No sabemos por qué Tomás no estaba allí, pero sí sabemos que se perdió algo por no estar. En momentos de dolor, frustración o incertidumbre, muchas veces nuestra primera reacción es aislarnos, dejamos de congregarnos, nos desconectamos de las personas, dejamos de escuchar y comenzamos a encerrarnos en nuestros propios pensamientos.

Tomás se perdió una reunión, pero no abandonó su comunidad. Ocho días después volvió a estar con ellos, y fue precisamente allí donde tuvo su encuentro con Jesús. Tal vez había preguntas que todavía no tenían respuesta y quizás su fe todavía estaba débil, pero decidió permanecer.

Esto nos enseña que cuando no entendamos lo que Dios está haciendo, debemos permanecer. Tal vez te perdiste un domingo, pero no te pierdas el próximo; tall vez estás decepcionado, confundido o atravesando un proceso difícil, pero no abandones. Tal vez todavía no viste lo que otros ya vieron, pero permanece en el lugar donde tu fe puede ser alimentada.

Mateo 18:20 "Pues donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí entre ellos."

La comunidad no elimina automáticamente nuestros problemas, pero puede convertirse en un lugar donde nuestra fe sea fortalecida. Por eso, en medio del proceso, no te aísles: permanece.

¿De qué manera una persona o una comunidad de fe te ha ayudado a sostener tu fe en un momento difícil?

¿Qué crees que podemos hacer como grupo para acompañar mejor a alguien que está atravesando un proceso?

B. LA DUDA PROLONGA LA TRISTEZA; LA FE PRODUCE GOZO

Juan 20:25 "25 Ellos le contaron: — ¡Hemos visto al Señor! Pero él respondió: —No lo creeré a menos que vea las heridas de los clavos en sus manos, meta mis dedos en ellas y ponga mi mano dentro de la herida de su costado."

El problema de Tomás estaba expresado en una frase: “Creeré cuando vea”. Muchas veces nosotros podemos vivir de la misma manera. Decimos: “Voy a estar bien cuando vea la respuesta”, “voy a alegrarme cuando vea el cambio”, “voy a tener paz cuando vea que todo se solucionó” o “voy a confiar cuando vea el milagro”.

Cuando nuestro gozo depende de lo que vemos, nuestras circunstancias terminan teniendo el control sobre nuestro estado interior. Si necesito ver para creer, entonces necesito que las circunstancias cambien para poder tener gozo.

Pero el orden de la fe es diferente.

Hebreos 11:1 "1 La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver."
Romanos 15:13 "13 Le pido a Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del Espíritu Santo."

El orden es: FE → GOZO + PAZ → ESPERANZA.

La Biblia no dice que tendremos alegría y paz porque todos nuestros problemas fueron solucionados. Nos enseña que podemos experimentar alegría y paz porque confiamos en Dios.

La fe no significa negar lo que estamos viviendo. No significa fingir que no existen problemas ni hacer de cuenta que todo está bien. La fe reconoce la realidad, pero se niega a permitir que aquello que nuestros ojos ven determine nuestro gozo.

Podemos decir: “Esto es difícil, no entiendo lo que está pasando, pero sigo confiando en Dios”. Quizás no entendamos el proceso ahora, pero podemos confiar en que Dios sigue siendo bueno y que sus planes para nuestra vida son mayores de lo que podemos ver en este momento.

¿Puedes compartir alguna experiencia en la que todavía no veías la respuesta, pero decidiste confiar en Dios? ¿Qué produjo eso en ti?

¿Qué diferencia has experimentado entre enfrentar una situación desde la preocupación y enfrentarla desde la confianza en Dios?

C. JESÚS ESTÁ EN MEDIO DE TU PROCESO

Juan 20:26 "Ocho días después, los discípulos estaban juntos de nuevo, y esa vez Tomás se encontraba con ellos. Las puertas estaban bien cerradas; pero de pronto, igual que antes, Jesús estaba de pie en medio de ellos y dijo: «La paz sea con ustedes»."

1. Ocho días después...

Jesús podía haberse aparecido inmediatamente a Tomás, pero Tomás tuvo que esperar. Fueron ocho días escuchando que los demás habían visto a Jesús, ocho días sin verlo personalmente, ocho días con preguntas y probablemente con muchas emociones.

A veces también atravesamos temporadas en las que sentimos que estamos esperando demasiado. Vemos a otras personas recibir respuestas, avanzar o experimentar cosas que nosotros todavía estamos esperando. Pero que todavía no veamos a Jesús obrando de la manera que esperamos no significa que Jesús se haya olvidado de nosotros.

Hay procesos en los que Dios nos hace esperar. Y aunque la espera puede ser difícil, nuestra responsabilidad sigue siendo confiar y permanecer.

2. “Pero de pronto...”

Hay algo hermoso en esta expresión. Existen procesos largos, pero también existen los “de pronto” de Dios.

Oraste durante mucho tiempo, esperaste, creíste, permaneciste... y de pronto se abre una puerta. De pronto llega una respuesta que tanto anhelabamos.

No sabemos cuánto durará nuestro “ocho días”, pero sí sabemos que Dios sigue siendo Dios durante la espera.

‍El tiempo de espera no significa ausencia de Dios.

3. “Jesús estaba de pie en medio de ellos”

Las puertas seguían cerradas y el peligro seguía afuera. La situación alrededor de los discípulos no había cambiado completamente, pero Jesús estaba adentro.

Sus primeras palabras fueron: “La paz sea con ustedes”.

Tal vez Jesús todavía no ha cambiado lo que está alrededor tuyo, pero puede cambiar lo que está dentro tuyo. Quizás Él no te saque inmediatamente de una situación, pero promete estar contigo en medio de ella.

El gozo cristiano no depende de que todas las puertas estén abiertas, depende de saber que Jesús está presente aun cuando las puertas siguen cerradas.

¿Qué te ayuda a seguir creyendo cuando todavía estás esperando ese “de pronto”?

¿Qué cambia dentro de nosotros cuando recordamos que Jesús está presente aun cuando nuestra situación todavía no cambió?

D. HAY UN GOZO SUPERIOR QUE SOLO PRODUCE LA FE

Jesús nos llama a creer

Juan 20:27 "27 Entonces le dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos; mete tu mano en la herida de mi costado. Ya no seas incrédulo. ¡Cree!"

Jesús no condenó, rechazó, avergonzó ni abandonó a Tomás por sus dudas. Se acercó a él y lo invitó a creer. Jesús conocía sus preguntas y aun así decidió encontrarse con él en medio de su proceso.

La respuesta de Tomás muestra que su fe no solamente lo llevó a creer que Jesús estaba vivo, sino a reconocer quién era realmente Jesús. Tomás exclamó: “¡Mi Señor y mi Dios!”

Cuando dijo “mi Señor”, reconoció que Jesús tiene autoridad y señorío sobre todo. Cuando dijo “mi Dios”, reconoció que Jesús no era solamente un maestro, profeta o enviado de Dios, sino Dios mismo.

Y después Jesús habló de un gozo y una bendición que alcanzaría a personas que no tendrían la oportunidad de verlo físicamente.

Jesús muestra el mayor gozo

Juan 20:29 "29 Entonces Jesús le dijo: —Tú crees porque me has visto, benditos los que creen sin verme."

Tomás tuvo el gozo de ver y luego creer, pero Jesús anuncia una bendición para aquellos que sin ver, creen. Esos somos nosotros. Nunca vimos físicamente a Jesús resucitado, nunca estuvimos en aquella habitación, nunca tocamos sus heridas, pero creemos.

1 Pedro 1:8 "Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible."

El proceso es sencillo, pero profundo:

NO LO VEMOS → CONFIAMOS EN ÉL → NOS GOZAMOS.

Nuestro gozo no nace de tener todas las respuestas, nace de conocer a Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza.

¿Cómo describirías la diferencia entre esperar que algo cambie para poder alegrarte y aprender a alegrarte mientras esperas?

¿Qué experiencia te ha ayudado a descubrir que puedes tener paz aun cuando las circunstancias todavía no cambian?

Conclusión

AUNQUE NO LO VEA, CREERÉ Y ME ALEGRARÉ

El siguiente domingo, las puertas seguían cerradas, el peligro seguía afuera y las circunstancias seguían siendo difíciles... pero Jesús estaba vivo, y eso era suficiente para cambiarlo todo.

La pregunta para nosotros es: ¿Qué estamos esperando ver para volver a tener gozo?

Tal vez estamos esperando una respuesta, una puerta abierta, un milagro, un cambio en alguien, una provisión o que finalmente termine un proceso difícil.

Quizás durante mucho tiempo nuestra frase fue la de Tomás: “Si no veo, no creeré”.

Pero Jesús nos invita a vivir de otra manera: “Aunque todavía no vea, creeré”.

Habacuc 3:17–18 "17 Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, 18 ¡aun así me alegraré en el Señor! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!"

Esa es la clase de fe que Dios quiere formar en nosotros. Una fe que puede decir: “Aunque todavía no vea la respuesta, creo. Aunque todavía esté esperando, creo. Aunque todavía esté atravesando un proceso difícil, creo”.

Porque mi gozo no depende de lo que mis ojos ven, sino de lo que mi fe puede ver.

Aunque todavía no vea, creo.
Aunque todavía esté esperando, creo.
Aunque todavía esté atravesando el proceso, creo.
Y porque creo, me alegro.

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