
Gracia o Meritocracia

Introducción
En muchas áreas de la vida estamos acostumbrados a vivir bajo la lógica del mérito, estudiamos para obtener una buena calificación, trabajamos para recibir un salario y nos esforzamos para alcanzar ciertas recompensas. En nuestra cultura es normal pensar que recibimos según lo que merecemos.
Pero cuando trasladamos esa forma de pensar al Reino de Dios, podemos caer en un error muy sutil. A veces empezamos a creer que merecemos más que otros por nuestro servicio, nuestro sacrificio o el tiempo que llevamos caminando con Dios. Sin darnos cuenta comenzamos a medir lo que recibimos comparándolo con lo que otros reciben.
Cuando vivimos de esa manera, dejamos de disfrutar la plenitud de lo que Dios tiene para nosotros, porque nuestro corazón ya no está enfocado en la gracia de Dios, sino en las recompensas. En lugar de agradecer lo que hemos recibido, comenzamos a comparar, reclamar o sentir que algo es injusto.
¿Cómo crees que la comparación puede afectar nuestra relación con Dios y con otras personas?
Después de haber seguido a Jesús por tres años, los discípulos comenzaron a sentir que tenían derechos adquiridos por haber dejado todo por seguirlo a Él. Luego de que el joven rico se fue triste y no pudo seguir a Jesús porque amaba más sus riquezas, Pedro le preguntó a Jesús que recibirían ellos por haberlo dejado todo.
Mateo 19:27 "27 Entonces Pedro le dijo: —Nosotros hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos a cambio?"
Jesús confrontó esta forma de pensar a través de una parábola que desafía completamente la lógica humana: la parábola de los obreros de la viña.
Mateo 20:1–16 "1 »El reino del cielo es como un propietario que salió temprano por la mañana con el fin de contratar trabajadores para su viñedo. 2 Acordó pagar el salario normal de un día de trabajo y los envió a trabajar. 3 »A las nueve de la mañana, cuando pasaba por la plaza, vió a algunas personas que estaban allí sin hacer nada. 4 Entonces las contrató y les dijo que, al final del día, les pagaría lo que fuera justo. 5 Así que fueron a trabajar al viñedo. El propietario hizo lo mismo al mediodía y a las tres de la tarde. 6 »A las cinco de la tarde, se encontraba nuevamente en la ciudad y vio a otros que estaban allí. Les preguntó: “¿Por qué ustedes no trabajaron hoy?”. 7 »Ellos contestaron: “Porque nadie nos contrató”. »El propietario les dijo: “Entonces vayan y únanse a los otros en mi viñedo”. 8 »Aquella noche, le dijo al capataz que llamara a los trabajadores y les pagara, comenzando por los últimos que había contratado. 9 Cuando recibieron su paga los que habían sido contratados a las cinco de la tarde, cada uno recibió el salario por una jornada completa. 10 Cuando los que habían sido contratados primero llegaron a recibir su paga, supusieron que recibirían más; pero a ellos también se les pagó el salario de un día. 11 Cuando recibieron la paga, protestaron contra el propietario: 12 “Aquellos trabajaron sólo una hora, sin embargo, se les ha pagado lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día bajo el intenso calor”. 13 »Él le respondió a uno de ellos: “Amigo, ¡no he sido injusto! ¿Acaso tú no acordaste conmigo que trabajarías todo el día por el salario acostumbrado? 14 Toma tu dinero y vete. Quise pagarle a este último trabajador lo mismo que a ti. 15 ¿Acaso es contra la ley que yo haga lo que quiero con mi dinero? ¿Te pones celoso porque soy bondadoso con otros?”. 16 »Así que los que ahora son últimos, ese día serán los primeros, y los primeros serán los últimos."
Las ilustraciones que encontramos en esta parábola son:
• El propietario: Dios
• La viña: su Reino, trabajar en su obra
• Los obreros: los llamados a ser parte de su reino
• Salario (denario): la Vida Eterna
Primeramente debemos entender que al:
1. Ser parte de Su Reino
a. Cambia nuestro paradigma de valores
Cuando Dios nos llama, nuestra vida deja de girar alrededor nuestro y comienza a girar alrededor de Cristo. Ser parte del Reino nos convierte en obreros de Dios, ser salvos no es un estado pasivo, sino es la activación del propósito de Dios en nuestras vidas. A partir de ese momento, todo se trata de Él, nuestro tiempo, talento, tesoros, todo es de Él, por Éll y para Él.
Romanos 11:36 "36 Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén."
Filipenses 1:21 "21 Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor."
Filipenses 3:7–8 "7 Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho. 8 Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo"
Pablo dice que todo lo que antes valoraba ahora lo considera pérdida comparado con conocer a Cristo. Cuando entendemos esto, servir a Dios deja de ser una carga y se convierte en un privilegio.
¿Qué cosas cambiaron en tu vida desde que decidiste seguir a Cristo?
b. Dios es quien toma la iniciativa de llamarnos
En la parábola, el propietario sale personalmente a buscar trabajadores. Debemos sentirnos tan privilegiados de que el mismo Creador de los Cielos y de la tierra, el Eterno y Todopoderoso Dios es quien tiene la iniciativa de llamarnos a su Reino.
1 Juan 4:10 "10 En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados."
El propietario salió más de una vez a buscar a los trabajadores. Algunos los llamó temprano en la mañana, a otros al mediodía y otros por la tarde, él pasó una y otra vez llamando a quienes estaban dispuestos a trabajar.
¿Cuántas veces esquivaste el llamado de Dios a vivir para Él?
c. Los primeros obreros llegaron a un acuerdo
El acuerdo de servir a Jesús es irresistible ya que nuestra paga es la vida eterna, es un trato glorioso e irresistible. Pero así como los primeros obreros sufrieron el calor del día entero, servir en el reino representa renuncia, persecuciones, adversidades, pruebas, obedecer aun sin entender, entrega, etc..
El problema de los primeros obreros no fue el salario, porque ellos habían llegado a un acuerdo, el verdadero problema fue su corazón: ellos comenzaron a compararse con los demás.
Los obreros suponían que ellos eran más merecedores de su salario que aquellos que vienen después, pero Jesús enseña algo radical: servir más tiempo no es una carga, es un honor.
2. Dios busca los menos probables
Cada vez que el propietario salía a buscar a los trabajadores, encontraba personas que todavía estaban esperando una oportunidad para trabajar. Y cuanto más tarde se hacía, más improbable era que alguien los contratara. Humanamente hablando, si nadie los había elegido temprano, es porque probablemente no eran los más fuertes, los más rápidos o los más capacitados.
Por ejemplo, lo mismo nos pasaba de niños cuando tocaba elegir los equipos para jugar en el recreo.
Probablemente así se sentían muchos de esos obreros que seguían en la plaza hacia el final del día. Personas que ya habían sido ignoradas varias veces, personas que quizás pensaban que ese día ya no trabajarían; sin embargo, el dueño de la viña vuelve a salir y los llama también a ellos.
A lo largo de toda la Biblia vemos este patrón, Dios llama a personas que, desde una perspectiva humana, parecían poco calificadas: pastores de ovejas, pescadores, cobradores de impuestos, personas con pasados complicados o con pocas credenciales religiosas.
El apóstol Pablo lo entendía muy bien, él sabía que su llamado no era algo que hubiera merecido.
Romanos 1:14–15 "14 Pues siento una gran obligación tanto con los habitantes del mundo civilizado como con los del resto del mundo, con los instruidos y los incultos por igual. 15 Así que estoy ansioso por visitarlos también a ustedes, que están en Roma, para predicarles la Buena Noticia."
Quien sabe que fue llamado por Dios cuando no merecía, valora la gracia de Dios y esa es su mejor paga.
Dios llama a las personas en diferentes momentos de su vida, algunos responden al llamado desde muy jóvenes, otros en la adultez y otros incluso en la última etapa de su vida. Un ejemplo poderoso es el ladrón que estaba crucificado al lado de Jesús, él no tuvo tiempo para hacer buenas obras, ni para reparar su pasado, ni siquiera para ser bautizado; sin embargo, en ese último momento reconoció a Jesús como el Mesías, y Jesús le dijo que ese mismo día estaría con Él en el paraíso (Lucas 23:43).
Cuando piensas en tu propia historia con Dios, ¿en qué momento sentiste que Él te llamó?
¿Por qué crees que Dios muchas veces llama a personas que parecen poco probables desde la perspectiva humana?
3. Qué tipo de Obreros somos
Es importante probar nuestro corazón todo el tiempo, siempre seremos obreros postreros de quienes nos precedieron y primeros de quienes continuarán el trabajo que nos tocó a nosotros. Pero siempre debemos considerarnos deudores de la salvación inmerecida que recibimos, eso es gracia y no meritocracia.
a. Dios prueba nuestro corazón
El propietario podría haber pagado primero a los que trabajaron desde más temprano y se hubiesen ido satisfechos, no se enterarían de cuanto cobraron los demás, pero Dios permite que sepamos ciertas cosas para ver como reacciona nuestro corazón. Cada persona que trabajó un poco más tenía que aprender a ser agradecido con lo que recibía. Cuidemos de que no haya envidia en nuestro corazón.
Gálatas 5:26 "26 No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia unos de otros."
Mateo 19:29 "29 Y todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o bienes por mi causa recibirá cien veces más a cambio y heredará la vida eterna."
b. La diferencia entre los primeros y postreros
Los “primeros” son quienes tienen mentalidad de mérito o derecho y los “postreros” son quienes tienen mentalidad de gratitud y compromiso.
1. Los primeros tienen falsa expectativa que recibirán más por lo que están haciendo; los postreros pueden alegrarse con todo lo que reciban del Señor.
Mateo 20:10 "10 Cuando los que habían sido contratados primero llegaron a recibir su paga, supusieron que recibirían más; pero a ellos también se les pagó el salario de un día."
2. Los primeros no están preocupados con las verdaderas injusticias sino que ven la generosidad de Dios con otros como algo injusto y tienen celos cuando a otros les va bien; los postreros se alegran con la bendición de otros y lloran con los que lloran.
Mateo 20:15 "15 ¿Acaso es contra la ley que yo haga lo que quiero con mi dinero? ¿Te pones celoso porque soy bondadoso con otros?”
Romanos 12:15 "15 Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran."
3. Los primeros reclaman, sirven, pero ante una situación exponen su queja. Los postreros ven el sufrimiento por el reino como un honor.
Mateo 20:12 "12 “Aquellos trabajaron sólo una hora, sin embargo, se les ha pagado lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día bajo el intenso calor”."
Filipenses 1:29 "29 Pues a ustedes se les dio no sólo el privilegio de confiar en Cristo sino también el privilegio de sufrir por él."
¿Cómo crees que la comparación puede afectar la unidad dentro de la iglesia o de un grupo?
¿Qué cosas prácticas podemos hacer para aprender a alegrarnos genuinamente con la bendición de otros?
Conclusión
La salvación es un regalo inmerecido para nosotros, pero a la vez totalmente justo por el precio que fue pagado por ella (la sangre de Jesús). Nadie recibe más salvación o menos salvación al aceptar el llamado de servir en su viña, su Reino.
El ser llamados a servirle es nuestro mayor privilegio, y cuanto más tiempo y más hayamos sufrido por Él, aun mayor es nuestro honor al hacerlo.
Los primeros son quienes en un momento dijeron SÍ, pero luego cambian a la mentalidad de la meritocracia perdiendo la capacidad de asombro ante las bondades de Dios pues todo lo que reciben es lo mínimo y merecen recibir más; en cambio los postreros se alegran en Su gracia, por saber que no son dignos de ser llamados a servirle.
Siempre seremos primeros de algunos y postreros de otros. Cuando nos toque ser primeros pongámonos orgullosos por trabajar y sufrir por Cristo, y cuando seamos los postreros estemos agradecidos por su gracia inmerecida al habernos escogido.