
Invitados a la Mesa

Introducción
La mesa siempre ha sido un lugar de comunión, encuentro, conversaciones, anécdotas, negocios y despedidas. Desde hace miles de años, las personas han utilizado la mesa como un espacio para compartir la vida. En la Biblia también encontramos que muchas situaciones importantes ocurrieron alrededor de una mesa. Abraham recibió al Señor y a dos ángeles mientras compartía una comida, y en ese contexto recibió una palabra de bendición y revelación. David invitó a Mefi-boset a sentarse permanentemente a su mesa, restaurándolo y devolviéndole un lugar que no esperaba. Jesús entró en la casa de Zaqueo y, a través de ese encuentro, produjo arrepentimiento y transformación. También vemos a Jesús sentado a la mesa con Mateo y otros que eran considerados pecadores, mostrando que Él había venido a buscar y sanar a quienes reconocían su necesidad.
La mesa, entonces, representa mucho más que simplemente comer. Es un lugar donde las personas pueden encontrarse, ser recibidas, escuchar, compartir y experimentar algo que transforma sus vidas. Y es precisamente alrededor de una mesa que Jesús quiso dejar uno de los mensajes más importantes para sus discípulos: el significado de su muerte.
¿Qué recuerdos o experiencias importantes vienen a tu mente cuando piensas en una mesa compartida con otras personas?¿Por qué creen que compartir una comida puede generar un ambiente diferente para conversar y relacionarse?
La mesa de la última cena
Era el primer día de la Pascua y Jesús sabía que aquella sería su última noche antes de ir a la cruz. Por eso, la cena no fue un momento improvisado. Jesús envió a Pedro y a Juan a preparar el lugar y les dio instrucciones específicas para encontrarlo. Todo estaba preparado para que pudieran compartir aquella última comida.
Esto también nos muestra algo sobre el liderazgo: un buen líder no improvisa, sino que sabe planificar, preparar y delegar. Jesús tenía claro lo que debía suceder y permitió que otros fueran parte de la preparación.
Luego, mientras estaban comiendo, Jesús comenzó a hablar sobre algo que cambiaría para siempre la manera en que sus discípulos entenderían su misión: su muerte. En medio de una cena común, Jesús tomó elementos cotidianos como el pan y el vino y les dio un significado eterno.
Mateo 26:20, 26–30 "20 Al anochecer, Jesús se sentó a la mesa con los doce discípulos. (...). 26 Mientras comían, Jesús tomó un poco de pan y lo bendijo. Luego lo partió en trozos, lo dio a sus discípulos y dijo: «Tómenlo y cómanlo, porque esto es mi cuerpo». 27 Y tomó en sus manos una copa de vino y dio gracias a Dios por ella. Se la dio a ellos y dijo: «Cada uno de ustedes beba de la copa, 28 porque esto es mi sangre, la cual confirma el pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada como sacrificio para perdonar los pecados de muchos. 29 Acuérdense de lo que les digo: no volveré a beber vino hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre». 30 Luego cantaron un himno y salieron al monte de los Olivos."
De esta última cena podemos aprender 3 cosas:
1. La muerte de Jesús es el centro de su ministerio
Mateo 26:24 "Pues el Hijo del Hombre tiene que morir, tal como lo declararon las Escrituras hace mucho tiempo… "
Jesús sabía perfectamente lo que iba a suceder. Su muerte no fue un accidente ni algo que simplemente ocurrió porque las circunstancias se salieron de control. Él mismo había anunciado varias veces que sufriría, moriría y resucitaría al tercer día. Sin embargo, sus discípulos no lograban comprender completamente lo que Jesús les estaba diciendo.
Lucas 9:22 "—El Hijo del Hombre tendrá que sufrir muchas cosas terribles —les dijo—. Será rechazado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los maestros de la ley religiosa. Lo matarán pero al tercer día resucitará."
En la última cena, Jesús volvió a poner su muerte en el centro de la conversación. Tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo que representaba su cuerpo; luego tomó la copa y explicó que representaba su sangre, derramada para el perdón de los pecados. Él no se refería al cuerpo presente ante ellos, sino a aquel cuerpo que sería desgarrado, torturado y herido; así como la sangre, era aquella que fue derramada hasta la ultima gota.
Jesús estaba siendo intencional acerca de cómo quería ser recordado.
Esto es importante porque podemos hablar de muchas cosas relacionadas con el cristianismo, pero no existe cristianismo sin el mensaje de la cruz. La cruz no es un detalle secundario de nuestra fe, es el centro del evangelio. Jesús no se aferró a sus privilegios, sino que se humilló, tomó forma de hombre y fue obediente hasta la muerte en una cruz.
Filipenses 2:6–8 "6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. 7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, 8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales."
Por eso, cuando participamos de la Cena del Señor, no solamente recordamos que Jesús vivió, enseñó, hizo milagros o tuvo discípulos, recordamos específicamente que entregó su vida por nosotros. La cruz nos recuerda el precio de nuestra salvación y el amor con el que Cristo decidió entregarse.
Cuando escuchan la palabra “cruz”, ¿qué es lo primero que viene a sus mentes?¿Por qué creen que Jesús quiso que sus seguidores recordaran específicamente su muerte?
2. La muerte de Jesús trajo perdón y reconciliación con Dios
Mateo 26:28 "28 porque esto es mi sangre, la cual confirma el pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada como sacrificio para perdonar los pecados de muchos."
Jesús explicó que su sangre confirmaba un nuevo pacto y que era derramada como sacrificio para el perdón de los pecados. Esto significa que su muerte no fue solamente un ejemplo de amor o sacrificio personal. Su muerte tenía un propósito: abrir el camino para que nuestra relación con Dios fuera restaurada.
Desde el Antiguo Testamento vemos que Dios había establecido un pacto con su pueblo. Le había prometido a Abraham que sería padre de muchas naciones y que Dios sería su Dios. Luego, a través de Moisés, Dios estableció un pacto con Israel, llamándolos a ser su pueblo, un reino de sacerdotes y una nación santa. Sin embargo, el pueblo rompió repetidamente ese pacto.
A través del profeta Jeremías, Dios anunció que vendría un nuevo pacto. Ya no sería solamente algo escrito externamente, sino algo que Dios pondría en el corazón de su pueblo. Sería un pacto caracterizado por una relación cercana con Dios y por el perdón de los pecados.
Jeremías 31:31–34 "31 »Se acerca el día —dice el Señor—, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. 32 Este pacto no será como el que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano y los saqué de la tierra de Egipto. Ellos rompieron ese pacto, a pesar de que los amé como un hombre ama a su esposa», dice el Señor. 33 «Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel en ese día —dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Y no habrá necesidad de enseñar a sus vecinos ni habrá necesidad de enseñar a sus parientes diciendo: “Deberías conocer al Señor”. Pues todos ya me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande —dice el Señor—. Perdonaré sus maldades y nunca más me acordaré de sus pecados»."
Jesús declaró que ese nuevo pacto se establecía mediante su propia sangre, Él mismo sería el sacrificio que haría posible esa reconciliación.
Lucas 22:20 "20 Después de la cena, tomó en sus manos otra copa de vino y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, un acuerdo confirmado con mi sangre, la cual es derramada como sacrificio por ustedes."
¿Qué significa que Jesús murió por nuestros pecados?
A. Sustitución: Cristo murió en nuestro lugar.
Una expiación vicaria, esto significa que alguien toma el lugar de otro y carga con las consecuencias que le correspondían al otro.
1 Pedro 3:18 "18 Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios. Sufrió la muerte física, pero volvió a la vida en el Espíritu."
B. Propiciación: su sacrificio satisfizo la justicia de Dios.
El sacrificio de Jesús cumplió las justas exigencias de Dios al grado de que su gracia y misericordia están accesibles de forma plena y abundante para todo el mundo, y la fe es el vehículo.
1 Juan 2:2 "2 Él mismo es el sacrificio que pagó por nuestros pecados, y no sólo los nuestros sino también los de todo el mundo."
C. Redención: Jesús compró nuestra salvación con su sangre.
1 Pedro 1:18–19 "18 Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que él pagó no consistió simplemente en oro o plata 19 sino que fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha."
Colosenses 2:14 "14 Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz."
D. Justificación: fuimos declarados justos delante de Dios.
Romanos 4:25 "25 Él fue entregado a la muerte por causa de nuestros pecados, y resucitado para hacernos justos a los ojos de Dios."
E. Reconciliación: nuestra relación con Dios fue restaurada.
2 Corintios 5:19 "19 Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación."
Todas estas verdades apuntan hacia una misma realidad: en la cruz, Dios hizo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos. No llegamos a Dios porque fuimos suficientemente buenos, sino porque Jesús abrió el camino mediante su sacrificio.
Cuando pensamos en todo lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz, ¿qué aspecto les impacta o llama más la atención? ¿Por qué?¿Qué ideas equivocadas sobre “merecer” el amor o el perdón de Dios creen que las personas suelen tener?¿Cómo podríamos ayudar a alguien que se siente lejos de Dios a entender lo que Jesús hizo por él en la cruz?
3. Estamos invitados a participar de la Cena
Jesús no estaba enseñando todo esto desde lejos, no estaba delante de sus discípulos como si ellos fueran espectadores de algo que solamente Él iba a hacer. Jesús tomó el pan, lo partió y se los dio, tomó la copa y se las dio, los discípulos tenían que comer y beber.
Mateo 26:26–27 "…Jesús tomó un poco de pan y lo bendijo. Luego lo partió en trozos, lo dio a sus discípulos y dijo: «Tómenlo y cómanlo, porque esto es mi cuerpo». 27 Y tomó en sus manos una copa de vino y dio gracias a Dios por ella. Se la dio a ellos y dijo: «Cada uno de ustedes beba de la copa,"
Esto nos enseña que el evangelio no nos llama a ser espectadores, Jesús nos invita a participar. No somos personas que simplemente observamos lo que Cristo hizo en la cruz; recibimos los beneficios de esa obra y somos llamados a vivir como personas que pertenecen a Él.
La Cena se convierte así en una imagen muy poderosa de lo que significa recibir a Cristo. Comer y beber representan nuestra participación y nuestra dependencia de Él, no es simplemente de admirar a Jesús desde lejos, sino de recibirlo, confiar en Él y permitir que su obra transforme nuestra vida.
Muchos se espantaron y multitudes dejaron de seguir a Jesús cuando dijo:
Juan 6:53 "53 Por eso Jesús volvió a decir: «Les digo la verdad, a menos que coman la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre, no podrán tener vida eterna en ustedes;"
Por eso, seguir a Jesús implica mucho más que buscar sus bendiciones, milagros o respuestas, implica estar dispuestos a pertenecerle completamente: morir con Él y vivir para Él.
Llamado a no ser espectador
Apocalipsis 3:20 "20 »¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos."
Apocalipsis 3:19 "19 Yo corrijo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé diligente y arrepiéntete de tu indiferencia."
En Apocalipsis 3, Jesús habla a la iglesia de Laodicea y la confronta por su indiferencia. Muchas veces utilizamos la imagen de Jesús llamando a la puerta como una invitación hermosa a la comunión, pero el contexto presenta también un llamado urgente a despertar. Jesús estaba confrontando una iglesia que había perdido su pasión y que había comenzado a vivir enfocada en las cosas temporales.
El llamado de Jesús sigue siendo relevante: no podemos vivir la fe desde la indiferencia. Podemos asistir a reuniones, conocer canciones, escuchar prédicas y estar rodeados de personas que aman a Jesús, pero aun así mantenernos como espectadores.
Jesús nos invita a abrir la puerta, sentarnos a la mesa y tener comunión con Él. La pregunta no es solamente si conocemos acerca de Jesús, sino si realmente le hemos abierto nuestra vida.
Llamado a la Salvación
Jesús no solamente nos invita a participar de una comunidad o de una experiencia religiosa, nos invita a recibir la salvación que Él hizo posible mediante su muerte y resurrección. La cruz nos muestra que Dios tomó la iniciativa para reconciliarnos consigo mismo.
Romanos 10:9 presenta una respuesta concreta: confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor y creer en nuestro corazón que Dios lo levantó de los muertos. La salvación no consiste simplemente en reconocer que Jesús existió o conocer información acerca de Él. Implica creer en Él, reconocer su señorío y responder personalmente a lo que hizo.
La invitación está abierta. Jesús no solamente preparó la mesa: también nos invita a sentarnos.
La cruz fue suficiente para abrir el camino hacia Dios, y nuestra respuesta es creer y recibir aquello que Él hizo por nosotros.
¿Qué diferencia ven entre ser un espectador de la fe y ser un participante de la fe?¿Qué cosas podrían hacer que una persona se acostumbre a estar cerca de Jesús sin involucrarse realmente con Él?¿Por qué creen que es posible estar dentro de una iglesia y, al mismo tiempo, vivir como espectador?¿Qué creen que significa para una iglesia ser una comunidad de personas que participan y no solamente espectadores?
Conclusión
Participar de la Cena nos hace mirar hacia atrás y recordar el sacrificio de Jesús en la cruz, pero también nos hace mirar hacia adelante con expectativa. Jesús dijo que no volvería a beber del fruto de la vid hasta el día en que lo hiciera nuevamente con sus discípulos en el Reino de su Padre.
Mateo 26:29 "29 Acuérdense de lo que les digo: no volveré a beber vino hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre»."
La mesa de Jesús apunta entonces hacia otra mesa: la mesa celestial. La historia no termina en la cruz. Jesús murió, resucitó y volverá. Y así como no somos espectadores de lo que Cristo hizo por nosotros, tampoco seremos espectadores de su gloria.
La mesa nos recuerda quién es Jesús, qué hizo por nosotros y hacia dónde vamos. Nos recuerda el sacrificio, el perdón, la reconciliación y la esperanza de su regreso.
La invitación de Jesús sigue vigente: hay un lugar en la mesa. No solamente para observar, sino para participar. No solamente para recibir una bendición, sino para pertenecer a Él. No solamente para recordar su muerte, sino para vivir a la luz de ella hasta que Él vuelva.
Lucas 12:37 "37 Los siervos que estén listos y a la espera de su regreso (esperando a su amo para las bodas) serán recompensados. Les digo la verdad, él mismo les indicará dónde sentarse, se pondrá el delantal y les servirá mientras están a la mesa y comen."