Necesito Oración
Quiero contar mi Historia

La hora ha llegado- Continuación

Pr. Fabian Ojeda
5/4/2026

Introducción

En el aposento alto, Jesús hizo una de las oraciones más profundas registradas en la Biblia. Primero oró por Él mismo, luego por sus discípulos… y finalmente, oró por nosotros.

Él levanta un clamor por todos nosotros que habríamos de creer por el mensaje de los discípulos.

Juan 17:20 "20 »No te pido sólo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos."

Antes de ir a la cruz, Jesús ya estaba pensando en cada uno de nosotros.

El mensaje de salvación que anunciaron los discípulos iba a pasar de generación en generación… hasta llegar a nuestra vida.
Alguien nos habló de Jesús, y ahora nosotros somos parte de esa historia.

La primera persona en anunciar que Jesús resucitó fue Maria Magdalena. En Juan 20 podemos encontrar el relato de cómo fue aquel domingo en que la hora había llegado.

Juan 20:1–10 "1 El domingo por la mañana temprano, mientras aún estaba oscuro, María Magdalena llegó a la tumba y vio que habían rodado la piedra de la entrada. 2 Corrió y se encontró con Simón Pedro y con el otro discípulo, a quien Jesús amaba. Les dijo: «¡Sacaron de la tumba el cuerpo del Señor, y no sabemos dónde lo pusieron!». 3 Pedro y el otro discípulo se dirigieron a la tumba. 4 Ambos iban corriendo, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero a la tumba. 5 Se agachó a mirar adentro y vio los lienzos de lino apoyados ahí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro y entró en la tumba. Él también notó los lienzos de lino allí, 7 pero el lienzo que había cubierto la cabeza de Jesús estaba doblado y colocado aparte de las otras tiras. 8 Entonces el discípulo que había llegado primero a la tumba también entró y vio y creyó, 9 porque hasta ese momento aún no habían entendido las Escrituras que decían que Jesús tenía que resucitar de los muertos. 10 Después cada uno se fue a su casa."

Entrar, Ver y Creer

Ese domingo, diferentes personas reaccionaron de distintas maneras frente a la tumba vacía.

Vemos que Maria Magdalena fue la primera en ir a la tumba aquel domingo y aterrorizada de pensar que robaron el cuerpo de Jesús llamó a Pedro y Juan.

Maria no se animó a entrar a la tumba, en cambio, Pedro sí entró y observo. Él pudo ver que los lienzos de Jesús se habían dejado de manera ordenada. Sin embargo, Juan entró, vio y fue el único que creyó al ver la señal que Jesús había dejado.

¿Por qué crees que cada uno reaccionó diferente?

Juan creyó porque sabía que era amado

Juan 20:8 "8 Entonces el discípulo que había llegado primero a la tumba también entró y vio y creyó,"

Juan se refiere a él mismo como “el discípulo a quien Jesús amaba” (Jn.20.2) varias veces en este evangelio. No por orgullo, sino por identidad.

1 Corintios 13:7 "7 El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia."

Saber que somos amados por Dios nos da la seguridad de que Él cumplirá su Palabra. Jesús había dicho de manera explícita varias veces que resucitaría y Juan fue la primera persona que antes de ver a Jesús resucitado creyó.

Esa seguridad le permitió confiar en su palabra, incluso antes de ver el milagro.

Por otro lado, podemos ver como Pedro tenía un impedimento que no le permitió creer desde el principio.

La culpa que impide creer

Romanos 5:8 "8 pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores."
Romanos 8:34 "34 Entonces, ¿quién nos condenará? Nadie, porque Cristo Jesús murió por nosotros y resucitó por nosotros, y está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios, e intercede por nosotros."

Pedro amaba a Jesús, pero era tan grande la culpa que sentía por haberle negado tres veces, que al entrar a la tumba vacía, ver las señales de que había resucitado aun no pudo creer.

Dios nos demuestra su amor en que aun siendo pecadores nos amó. Es decir, Él no esperó que seamos perfectos para amarnos. Cuando creemos que el Justo murió por nosotros, hemos sido justificados y nadie puede condenarnos.

Nadie incluye a nosotros mismos que muchas veces somos quienes no podemos perdonarnos, aún cuando el Creador del Universo, el Eterno, el Todopoderoso lo hizo.

La culpa nubla la fe, paraliza y nos aleja del propósito

Pero Cristo no solo nos perdona, sino que Él también nos restaura. Jesús es magnífico y amoroso, el restauró la confianza de Pedro, quien lo negó tres veces preguntándole tres veces si lo amaba (Jn.21.15-17) dándole la confianza de servirlo pastoreando Sus ovejas.

¿Por qué nos cuesta creer que Dios realmente nos perdonó?

¿Cómo crees que la culpa puede ser un impedimento para servir al Señor?

La tristeza nos impide creer

Juan 20:11–18 "11 María se encontraba llorando fuera de la tumba y, mientras lloraba, se agachó y miró adentro. 12 Vio a dos ángeles vestidos con vestiduras blancas, uno sentado a la cabecera y el otro a los pies, en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús. 13 —Apreciada mujer, ¿por qué lloras? —le preguntaron los ángeles. —Porque se han llevado a mi Señor —contestó ella—, y no sé dónde lo han puesto. 14 Dio la vuelta para irse y vio a alguien que estaba de pie allí. Era Jesús, pero ella no lo reconoció. 15 —Apreciada mujer, ¿por qué lloras? —le preguntó Jesús—. ¿A quién buscas? Ella pensó que era el jardinero y le dijo: —Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo puso, y yo iré a buscarlo. 16 — ¡María! —dijo Jesús. Ella giró hacia él y exclamó: —¡Raboní! (que en hebreo significa “Maestro”). 17 —No te aferres a mí — le dijo Jesús—, porque todavía no he subido al Padre; pero ve a buscar a mis hermanos y diles: “Voy a subir a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes”. 18 María Magdalena encontró a los discípulos y les dijo: «¡He visto al Señor!». Y les dio el mensaje de Jesús."

La tristeza de Maria era tan grande que ella no pudo reconocer a los dos ángeles que estaban dentro de la tumba. La tristeza nubló su visión a tal punto que cuando Jesús aparece por primera vez ella tampoco pudo reconocerlo. Esa angustia no le permitía creer y recordar que Él resucitaría. Su pena la hizo perder la esperanza en lo eterno.

Cuando el dolor, la pena, el desconsuelo toma control de nuestras vidas no podemos ver que Jesús está a nuestro lado.

Pero aún medio de todo ese dolor, podemos entender que

Jesús consuela al afligido

Tanto los ángeles como Jesús no reprendieron su falta de fe, sino que le preguntaron “¿por qué lloras? ¿a quién buscas?” , no porque no supiesen la respuesta sino porque el Señor quería escuchar su dolor.

Hoy, Él quiere que le contemos nuestro dolor, cada cosa que nos está afligiendo.

Jesús nos llama por nombre y nos da propósito

Cuando Jesús exclamó “‘¡María!” ella reconoció la voz de su pastor (Jn.10.27) y se aferró a Él, eso cambió su perspectiva de lo temporal para lo eterno.

No está mal sentir tristeza o dolor por algo que haya ocurrido, una perdida, una situación difícil; pero por encima de ello necesitamos saber que tenemos una esperanza eterna, que el Espíritu Santo está para ayudarnos y consolarnos. Superaremos toda situación que atravesemos mirando a Jesús quien resucitó, en Él tenemos una esperanza real y eterna.

Entonces, con toda la tristeza que María tenía, ¿por qué la eligió para ser la primera quién anuncie las buenas nuevas?

Dios usa a quienes lo prefieren

Maria Magdalena fue una de las que estuvo a los pies de la cruz cuando todos los discípulos (menos Juan) huyeron. Ella fue la primera en llegar a la tumba antes del amanecer, y cuando todos se fueron a su casa ella permaneció allí.

Jesús no tiene preferidos pero reconoce a aquellos que lo prefieren a Él. En la medida que le buscamos lo hallaremos y en la medida que lo llamemos Él nos responderá.

Santiago 4:8 "Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes."

¿Por qué crees que María permaneció?

¿Cómo se se ve una vida que prefiere a Dios?

Conclusión

Maria Magdalena fue la primera persona en ver a Jesús resucitado y en recibir el encargo de dar la noticia a los discípulos de que Él había resucitado, y de que ahora eran sus hermanos (es la primera vez que Jesús llama de hermanos a sus discípulos), es decir que eran como Él, hijos de Dios.

Ahora nosotros, en perfecta unidad, tenemos el llamado de seguir llevando al mundo esta buena noticia, de que Jesús vive, nos ama y da vida eterna a quienes puedan creer en Él. Así oró Jesús por nosotros:

Juan 17:23 "Que gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas tanto como me amas a mí."

La tumba estaba vacía, pero no todos reaccionaron de la misma manera. Algunos vieron, pero no entendieron; otros entraron, pero dudaron; y otros vieron… y creyeron. Hoy puede pasar exactamente lo mismo. La diferencia no está en la evidencia, sino en el estado del corazón. El amor nos acerca a creer, la culpa muchas veces nos frena, y la tristeza puede nublar nuestra visión. Sin embargo, Jesús sigue obrando de la misma manera: se acerca a nosotros en medio de nuestra realidad, nos llama por nombre, nos restaura con su amor y luego nos envía con un propósito. Así como Él oró por nosotros, hoy también nos toca responder a ese llamado, no solo creyendo, sino viviendo como testigos de que Él está vivo.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención de las diferentes reacciones frente a la tumba vacía? ¿Con cuál de estos estados te identificas más hoy: amor, culpa o tristeza?

¿Cómo crees que cada uno de estos afecta nuestra capacidad de creer?

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