
Llamado por nombre

Introducción
Hacerse preguntas no está mal. Todos tenemos, tuvimos o tendremos grandes preguntas existenciales a lo largo de nuestra vida y como nosotros aprendamos a responderlas afirmará nuestra verdadera identidad.
Las dudas sobre uno mismo son normales, y principalmente son en preguntas de:
Identidad: ¿Quién soy realmente?
Propósito: ¿Para qué nací? ¿Tengo un propósito?
Autoestima o valor: ¿Qué tengo de especial? ¿Soy suficientemente capaz?
Pertenencia: ¿Cuál es mi lugar?
Sufrimiento: ¿Por qué me pasan cosas malas?
Legado: ¿Mi vida habrá valido la pena?
Como seres humanos, es imposible pensar que nunca tendremos dudas, pero Dios quiere que aprendamos a llevárselas en oración y a buscar respuesta a la luz de su Palabra. La familia de la fe es un lugar donde encontramos respuestas porque allí Jesús nos es revelado y, por medio de Él, descubrimos que somos hijos de Dios y parte de su familia. Somos diferentes, tenemos distintos dones y capacidades, pero todos podemos ser parte de su propósito.
Es importante que todos nos analicemos y busquemos la respuesta a estas grandes interrogantes, pero lo que marcará la diferencia en tu vida es la verdad de lo que Dios dice de ellas:
Jeremías 1:5 " —Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones."
Dios ya te conocía antes del vientre, por ende antes de nacer, incluso antes de los planes de tus padres. Es sanador saber que previo a nuestro primer error, o montaña de errores, Él nos apartó y nos nombró para hablar su verdad. El Creador ya tenía un propósito contigo, tu existencia nunca fue una casualidad.
Comprender que fuimos llamados por el Dios del universo para ser parte de su plan eterno es un privilegio que transforma la manera en que vemos nuestra vida. Bajo esa premisa, estaremos estudiando lo que significa ser: Llamado por Nombre.
¿Recuerdas cuando fue la última vez que te hiciste una de estas preguntas? ¿Pudiste encontrar la respuesta?
¿Cuáles son normalmente las fuentes donde buscamos estas respuestas?
¿Cuál crees que es la mayor mentira que podemos creer sobre nuestra identidad y propósito?
A. Dios nos salva de y nos llama para
Todos quienes hemos conocido a Jesús entramos en una nueva dimensión de sentido y deseo de ser parte de lo que Él está haciendo. Jesús no solo buscó salvarte de una condenación eterna, que también es un inmenso e incomprensible regalo, el vino a darte propósito.
2 Timoteo 1:9 "Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ése era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús"
Fuimos salvos de algo, pero también para algo. ¿Cuál es ese nuevo propósito en Cristo? Fuimos llamados a anunciar las virtudes de aquel que nos sacó de las tinieblas y nos llevó a su luz admirable. Nuestra salvación tiene una razón de ser: conocer a Jesús, vivir para Él y anunciarlo a otros.
Cuando se nos presenta esta verdad, muchas excusas rondan la mente:
"Yo ya soy muy viejo para esto" "Soy demasiado joven" "Pero yo no tengo conocimiento ni experiencia"
Pero todos esos argumentos se quedan débiles a la luz de la palabra. La Biblia muestra que Dios utilizó personas en diferentes etapas de la vida. Samuel y Jeremías fueron llamados siendo niños o adolescentes; Timoteo también era joven; Abraham tenía 75 años cuando recibió el llamado, y Moisés tenía 80. La edad no es el límite para el propósito de Dios. Cuando Él llama, nuestra responsabilidad no es compararnos con otros, sino responder con obediencia.
Una vez en Cristo, todos tenemos una asignación, y de ahí puede nacer la gran duda:
"¿Cuál es mi llamado?"
Efesios 2:10 "10 Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás."
Para responderlo, debemos entender estas tres premisas:
1) No gira alrededor de nosotros
El llamado de Dios no tiene como centro nuestra propia grandeza, sino que apunta hacia otras personas. Dios quiere usarnos para ayudar, abrazar, servir, reconciliar a las personas con su Creador y edificar su Iglesia. Él nos invita a formar parte de algo que es mucho más grande que nosotros mismos.
Hasta en las universidades se enseñan que el éxito de todo emprendimiento está en buscar auténticamente suplir una necesidad, o identificar la solución para el dolor que está sintiendo la sociedad.
2) Usemos lo que Dios puso en tus manos
Dios puede darnos nuevos dones y capacidades, pero muchas veces comienza utilizando los talentos que ya depositó en nosotros. Tal vez alguien tiene facilidad para el arte, el deporte, los negocios, la administración, la enseñanza, la escucha, la intercesión, el servicio o el consejo. Una buena manera de reconocerlo es preguntarnos qué sabemos hacer bien y también escuchar a las personas que nos conocen y pueden ayudarnos a identificarlo.
El llamado también puede entenderse desde nuestras 3T: Talento, Tesoros y Tiempo.
Talento: ¿En que soy bueno?
Tesoros: ¿Que de valor tengo para ofrecer?
Tiempo: ¿Estoy invirtiendo mis recursos en el Reino?
Todo lo que tenemos puede convertirse en una herramienta para servir a Dios. David es un gran ejemplo de esto. Antes de enfrentar a Goliat, había aprendido a enfrentar osos y leones. Antes de dirigir la adoración de una nación, había aprendido a adorar a solas en el desierto. Antes de liderar ejércitos, llevaba alimentos a sus hermanos. Antes de pastorear una nación, había pastoreado ovejas. Muchas veces el propósito de Dios comienza desarrollándose en lo cotidiano, en pequeñas responsabilidades que pueden parecer insignificantes, pero que forman nuestro carácter y nos preparan para algo mayor.
3) Renovemos nuestra mente
Recibir a Jesús da vida a nuestro espíritu, y desde ese momento nosotros debemos morir a nuestra carne y renovar nuestra manera de pensar todos los días. Esto lo logramos por medio de la Palabra, meditando en ella, conversando, escuchándola en predicas, alabanzas, etc. Lo que más consumimos, terminara gobernando nuestra mente. Nuestra manera de pensar también debe madurar, no podemos mantener las mismas murallas de argumentos de hace un año o diez años atrás.
Romanos 12:2 "No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta."
Así es cómo conoceremos la voluntad de Dios para nuestras vidas.
¿Cuál es la diferencia entre la definición que nos da el mundo acerca del "propósito" y la que nos da Dios?
¿Qué ejemplos puedes dar de pensamientos que necesitan ser renovados mediante la palabra?
B. Dios NO llama por merecimiento, sí por GRACIA
2 Timoteo 1:9 "Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ése era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús;"
Dios no nos llamó por nuestras capacidades, talentos, recursos, apellido; es más, ni siquiera merecíamos ser llamados por Dios, Él lo hizo para mostrarnos Su Gracia, el favor no merecido que recibimos por medio de Jesús.
Esto significa que no tenemos que demostrar que somos suficientemente buenos para que Dios pueda usarnos. No podemos mirar nuestro llamado como un derecho adquirido, sino como un privilegio que Dios nos concedió. Nuestro corazón debería rebosar de gratitud al escuchar esta verdad.
Dios nos escogió, así también como había escogido al pueblo de Israel, y muchas veces podemos preguntarnos: "¿Qué tenía de especial el pueblo de Israel para que entre todas las naciones de la tierra Dios les haya escogido, para que a través de ella lo conociéramos y las naciones de la tierra sean bendecidas?"
Deuteronomio 7:7–8 "7 »El Señor no te dio su amor, ni te eligió porque eras una nación más numerosa que las otras naciones, ¡pues tú eras la más pequeña de todas! 8 Más bien, fue sencillamente porque el Señor te ama y estaba cumpliendo el juramento que les había hecho a tus antepasados. Por eso te rescató con mano poderosa de la esclavitud y de la mano opresiva del faraón, rey de Egipto."
Fue sencillamente porque el Señor te ama. Muchas veces la respuesta es tan simple, que nos cuesta entender que sea verdad.
Dios no escogió a Israel porque fuera la nación más grande o más importante, sino porque decidió amarla y cumplir su promesa. Nuestra respuesta en contrapartida debería ser:
1) Agradecimiento: Es un privilegio haber sido llamados.
2) Humildad: No tenemos motivos para considerarnos superiores a los demás, porque todos fuimos llamados de la misma manera.
3) Seguridad: de que si Él nos llamó el nos va a sostener.
A quien Dios llama, Dios lo capacita
2 Corintios 3:5 "No es que pensemos que estamos capacitados para hacer algo por nuestra propia cuenta. Nuestra aptitud proviene de Dios."
¿Que harías de manera diferente ahora que sabes que Dios no te llamo por tus capacidades?
¿Cómo se ve reflejado en tu vida el hecho de que el Señor te escogió "sencillamente porque te ama"?
C. Nos llamó para vivir en Santidad.
El llamado de Dios no consiste únicamente en hacer cosas para Él; primero implica vivir para Él.
"...nos llamó a vivir una vida santa"
La santidad significa vivir apartados del pecado y disponibles para Dios. Si queremos caminar en su propósito, debemos responder también a este llamado a vivir de una manera que honre a quien nos llamó.
Hebreos 12:1–2 “Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. 2 Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que ésta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios."
El pecado no es simplemente una cuestión moral aislada; puede convertirse en un obstáculo que nos impide avanzar en la voluntad de Dios. Por eso necesitamos identificar aquello que estamos cargando y decidir dejarlo a los pies de Jesús.
La manera de hacerlo es fijando nuestra mirada en Él. Jesús es quien inicia y perfecciona nuestra fe. Él no desistió de nosotros, por eso nosotros tampoco debemos desistir. Seguirlo implica estar dispuestos a llevar nuestra cruz, aun cuando eso signifique renunciar a nuestra comodidad o atravesar momentos difíciles. El propósito de Dios no siempre será el camino más cómodo, pero siempre será un camino que vale la pena recorrer con los ojos puestos en Jesús.
Lucas 9:23 "23 Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme."
Morir es una decisión de todos los días. Morimos a nuestra carne y sus deseos, a la comodidad, al temor al fracaso o a la vergüenza, al deseo de ser aprobados y reconocidos y a las excusas que nos hacen postergar aquello que Dios nos está llamando a hacer. Cada día tenemos la oportunidad de elegir entre vivir centrados en nosotros mismos o vivir disponibles para el propósito de Dios.
¿Cómo puede el pecado entorpecer nuestro llamado?
¿Cuál es el siguiente paso que debes hacer hoy para vivir disponibles para el propósito de Dios?
Conclusión
Nuestra vida nueva encuentra su verdadero sentido cuando entendemos que fuimos llamados para cumplir la tarea que Dios nos asignó.
Hechos 20:24 "pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios."
Nuestra vida no se trata únicamente de alcanzar nuestros propios sueños, construir una carrera o conseguir reconocimiento. Fuimos creados para algo mayor: conocer a Jesús, vivir para Él y ser su voz en nuestra generación.
Por eso, la pregunta final no es solamente “¿cuál es mi propósito?”, sino también “¿estoy dispuesto a responder al llamado de Dios?”. Isaías 6:8 presenta una respuesta que resume la actitud que Dios busca: “Aquí estoy yo. Envíame a mí.” Dios sigue llamando personas que estén dispuestas a poner sus talentos, recursos y tiempo en sus manos; personas que vivan en santidad, que renueven su mente y que entiendan que fueron salvadas no solamente de algo, sino también para algo. El llamado ya no debe ser una pregunta que nos paraliza, sino una invitación que respondemos con fe, humildad y obediencia.