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Lo que Dios comienza, lo termina

Pr. Fabian Ojeda
22/2/2026

Lo que Dios comienza, lo termina.

Introducción

Muchas veces comenzamos algo con entusiasmo, pero cuando el proceso se alarga o las circunstancias se ponen difíciles, empezamos a dudar. Dudamos de nosotros, dudamos del proceso… y a veces incluso dudamos de Dios.

Sin embargo, la Palabra nos recuerda una verdad poderosa: Dios no ha desistido de nosotros.

Él comenzó la obra, y no la abandonará a la mitad, lo hará a su manera, en su tiempo y a través de quien Él quiera. Debemos tener por seguro de que Él cumplirá su voluntad en nuestra vida.

Filipenses 1:6 "Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva."

¿Alguna vez viste una promesa de Dios ser cumplida en tu vida aún después de mucho tiempo? ¿Te animas a compartirlo con el grupo?

Cuando atraviesas un proceso largo, ¿tiendes a perseverar o a desanimarte?

1. La constancia produce resultados permanentes

Todos de niños teníamos sueños de aquello que queríamos ser de “grandes”; algunos doctores, otros futbolistas, o astronautas…

¿Recuerdas que soñabas con ser de “grande”?

Comenzamos sueños y proyectos con un gran entusiasmo, pero no siempre los terminamos. Capaz en tu vida un proyecto se ve como estudiar un nuevo idioma, aprender un instrumento o emprender un nuevo negocio, y lo único que nos permitirá lograrlos es la constancia, aún cuando no estamos viendo los resultados.

La Biblia llama a esto longanimidad: una paciencia activa, firme, perseverante frente a procesos largos y pruebas prolongadas.

Solo cuando somos constantes podemos avanzar en los propósitos del Señor.

¿Qué cosas importantes has comenzado y te costó terminar?

¿Qué sueños podrías retomar en tu vida?

2. El tiempo es funcionario de Dios

Dios no llega tarde ni tampoco se adelanta, Él trabaja con procesos. Si hay algo que podemos tener por seguro, es que Dios cumple su promesa justo a tiempo.

El proceso de Israel

El pueblo fue liberado milagrosamente de Egipto, pero llegar a la tierra prometida tomó años. Un camino que podría haberles llevado un poco más de un año, terminó siendo un proceso de 4 décadas.

Dios había prometido esa tierra a Abraham, así también como le había anunciado que primero serían esclavos por 400 años.

Génesis 12:7 "7 Entonces el Señor se le apareció a Abram y le dijo: «Daré esta tierra a tu descendencia». Y Abram edificó allí un altar y lo dedicó al Señor, quien se le había aparecido."
Génesis 15:13–14 "13 Después el Señor dijo a Abram: «Ten por seguro que tus descendientes serán extranjeros en una tierra ajena, donde los oprimirán como esclavos durante cuatrocientos años; 14 pero yo castigaré a la nación que los esclavice, y al final saldrán con muchas riquezas."

Ellos tenían la promesa, y los descendientes de Abraham pudieron verla cumplida. Pero primero Dios tenía que trabajar con su carácter.

Deuteronomio 8:2 "2 Recuerda cómo el Señor tu Dios te guió por el desierto durante cuarenta años, donde te humilló y te puso a prueba para revelar tu carácter y averiguar si en verdad obedecerías sus mandatos."
Deuteronomio 8:5 "5 Ten por cierto que, así como un padre disciplina a su hijo, el Señor tu Dios te disciplina para tu propio bien."

Dios no necesitaba 40 años para llevarlos geográficamente a la tierra prometida, pero sí necesitaba trabajar algo más profundo: su corazón.

El desierto va a revelar nuestro carácter, y es ahí donde se pone a prueba nuestra dependencia, obediencia, fe y humildad. Cuando estemos pasando por tiempos difíciles, en vez de pedir a Dios que nos saque del problema, preguntémosle: “¿Qué necesito aprender de esta situación?”

Al finalizar la prueba, el pueblo de Israel testificó que Dios cumple su promesa.

Josué 21:43–45 "43 Así que el Señor le entregó a Israel toda la tierra que había jurado darles a sus antepasados, y los israelitas la tomaron para sí y se establecieron en ella. 44 Y el Señor les dio descanso en todo el territorio, tal como se lo había prometido solemnemente a los antepasados de ellos. Ningún enemigo pudo hacerles frente, porque el Señor los ayudó a conquistar a todos sus enemigos. 45 Ni una sola de todas las buenas promesas que el Señor le había hecho a la familia de Israel quedó sin cumplirse; todo lo que él había dicho se hizo realidad."

¿Qué otros ejemplos puedes encontrar en la Biblia de personas que luego de un tiempo vieron las promesas de Dios cumplirse?

¿Qué puede representar un desierto en la actualidad?

3. Nuestra posición de fe determina el proceso

No se trata solo de cuánto dura el proceso, sino cómo lo atravesamos. Si estamos en Cristo, es decir, si estamos conectados a Él y a su palabra, avanzamos y no nos quedamos estancados en el desierto.

Salmo 32:8–9 "8 El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. 9 No seas como el mulo o el caballo, que no tienen entendimiento, que necesitan un freno y una brida para mantenerse controlados»."

El punto no es solo que Dios guía, sino si nosotros nos dejamos guiar. Nosotros ponemos el freno o acelerador al cumplimiento de las promesas de Dios sobre nuestras vidas. Nuestra actitud ante los problemas, los pecados que nos están costando dejar, malos hábitos y costumbres pueden estar frenando todo lo que el Señor tiene para nosotros.

La velocidad en la que avanzaremos en los propósitos de Dios depende de cuán rápido nos despojemos de los pesos y del pecado que dificultan la carrera.

Hebreos 12:1 Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.

4. Dios termina lo que empieza

Debemos saber que nuestra posición en Cristo es independiente a la prueba que estemos pasando. Pablo estaba escribiendo la carta a los Filipenses desde la cárcel en Roma, pero Él sabía que estaba dentro de la voluntad de Dios.

Filipenses 1:6 "6 Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva."

De este pasaje podemos aprender que:

Dios comenzó la obra

Hay un momento en que el Señor comienza a obrar en la vida de uno, y esto es cuando la persona nace de nuevo. Dios tiene planes preciosos y únicos para cada uno.

La obra de Dios es buena

Él comenzó una buena obra en nosotros, y eso nos la recuerda en su Palabra.

Jeremías 29:11 "11 Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza."
Salmo 32:8 "8 El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti."
Juan 10:10 "10 El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante."

La continuará

Dios trabaja en nosotros y Él no descansará hasta haberla terminado.

Hasta que quede totalmente terminada

Aún cuando nosotros fallamos, Él no desiste de nosotros, Dios termina lo que empieza en el tiempo que lleve su proceso en nuestras vidas.

2 Timoteo 2:13 "13 Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es."

La constancia no depende de nuestra fuerza sino de nuestra confianza en Dios. Porque si Él comenzó la obra en nosotros, también la seguirá perfeccionando hasta terminarla. Aunque el proceso sea largo y el desierto parezca extenderse más de lo esperado, podemos tener la certeza de que todo se va a cumplir en los tiempos de Dios.

La obra que Dios hace es buena, aun cuando todavía no veamos el resultado final, y su fidelidad no cambia en medio de nuestras dudas o debilidades. Por eso, si hoy seguimos en camino, es porque Dios aún está obrando y todavía no ha terminado con nosotros.

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