
Volviendo al diseño Original

Introducción
Vivimos en una cultura que constantemente intenta redefinir quiénes somos, qué debemos valorar y cómo debemos vivir. Sin embargo, Dios nos creó con un diseño original que refleja Su propósito para nuestras vidas. En Isaías 6 vemos la experiencia transformadora del profeta cuando tiene una visión de la santidad de Dios. Este encuentro lo lleva a reconocer su condición, recibir perdón y responder al llamado divino. Del mismo modo, cuando volvemos a la presencia de Dios, Él restaura en nosotros aquello para lo que fuimos creados desde el principio.
Isaías experimentó tres restauraciones fundamentales: recuperó la reverencia correcta hacia Dios, la gratitud que produce obediencia y la identidad que le permitió responder al llamado del Señor. Estas mismas áreas necesitan ser restauradas en nuestras vidas hoy.
Isaías 6:1-10 “El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso trono, y el borde de su manto llenaba el templo. Lo asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban. Se decían unos a otros: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos Celestiales! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!». Sus voces sacudían el templo hasta los cimientos, y todo el edificio estaba lleno de humo. Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales». Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. Con él tocó mis labios y dijo: «¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados». Después oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?». —Aquí estoy yo —le dije—. Envíame a mí. Y él me dijo: —Bien, ve y dile a este pueblo: “Escuchen con atención, pero no entiendan; miren bien, pero no aprendan nada”. Endurece el corazón de este pueblo; tápales los oídos y ciérrales los ojos. De esa forma, no verán con sus ojos, ni oirán con sus oídos, ni comprenderán con su corazón para que no se vuelvan a mí en busca de sanidad.”
1. Reverencia Original
Antes de que Isaías empiece a relatar la visión, la Biblia deja en claro el nivel de gobierno y autoridad de Dios.
Isaías 6:1 “El año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un majestuoso trono, y el borde de su manto llenaba el templo…”
El rey, quien gobernaba en ese tiempo, murió. Esto nos recuerda que ninguna autoridad de esta tierra sobrepasa a la autoridad de nuestro Señor. Porque aún cuando el rey murió, nos recuerda que Dios estaba sentado en su majestuoso trono.
La visión de Isaías comienza con Dios sentado en Su trono, exaltado y glorioso. Los serafines proclaman continuamente: “Santo, santo, santo es el Señor”. Al contemplar la santidad de Dios, Isaías no se compara con otras personas, sino que reconoce su propia condición pecaminosa. La verdadera reverencia nace cuando entendemos quién es Dios y quiénes somos nosotros delante de Él.
Isaías 6:2 “Lo asistían poderosos serafines, cada uno tenía seis alas. Con dos alas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban.”
Los serafines que adoraban a Dios tenían 6 alas, dos de ellas utilizaban para cubrirse el rostro. Esto nos revela que ni aún ellos podían ver a cara descubierta la gloria y majestad de Dios. Entraban con el rostro escondido en forma de reverencia ante el trono del Señor.
Con otras dos alas cubrían sus pies. En la Biblia, los pies suelen representar el andar o la conducta. Esto nos recuerda que nuestro caminar no es perfecto y que dependemos completamente de la gracia de Dios.
Aunque hemos sido perdonados, nos acercamos a Su presencia con temor reverente y reconocimiento de nuestra necesidad constante de Él.
Muchas veces perdemos esta reverencia porque nos acostumbramos a las cosas de Dios. La adoración se vuelve rutina, la oración una obligación y la presencia de Dios algo común. Sin embargo, volver al diseño original implica recuperar el asombro por la grandeza de Dios. Cuando reconocemos Su santidad, también somos impulsados a vivir vidas santas que le honren.
Es interesante notar que cuatro de las seis alas, dos tercios de ellas, estaban dedicadas exclusivamente a la reverencia. Antes de servir, antes de actuar, antes de ser enviados, los serafines estaban enfocados en honrar y reconocer la santidad de Dios. Esto revela una prioridad espiritual: la adoración siempre debe preceder a la actividad.
Finalmente, con las dos alas restantes volaban. Estas representan la disposición para obedecer y ser enviados. Después de la reverencia viene la misión. Solo un tercio de sus alas estaba destinado al movimiento y al servicio. El mensaje es claro: Dios no busca personas solamente ocupadas en hacer cosas para Él, sino personas que primero han aprendido a permanecer delante de Él.
Muchas veces en la vida cristiana invertimos el orden. Queremos hacer, producir, liderar y servir, pero descuidamos la adoración, la intimidad y la reverencia. Sin embargo, el diseño original de Dios es que la misión fluya de la presencia. Cuando recuperamos el asombro por Su santidad, nuestro servicio deja de ser una carga y se convierte en una respuesta de amor.
La santidad no es simplemente evitar el pecado, sino reflejar el carácter de Dios en nuestra manera de vivir. Cuanto más cerca estamos de Él, más conscientes somos de nuestra necesidad de transformación.
¿Qué aspectos de la santidad de Dios más te impactan?¿Cómo podemos evitar acostumbrarnos a la presencia y a las cosas de Dios?¿Qué áreas de tu vida necesitan alinearse más con el carácter santo de Dios?
2. Gratitud
Reconocer la Santidad de Dios, nos hace reconocer nuestra naturaleza pecadora y nuestra necesidad de Jesús.
Isaías 6:5 “Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales».”
Después de reconocer su pecado, Isaías recibe gracia. Un serafín toca sus labios con un carbón encendido y le anuncia que su culpa ha sido quitada y sus pecados perdonados. Antes de recibir una misión, Isaías recibe misericordia.
Isaías 6:6-7 “Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. Con él tocó mis labios y dijo: «¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados».”
La obediencia genuina no nace de la obligación, sino de la gratitud. Cuando comprendemos cuánto Dios nos ha perdonado y cuánto ha hecho por nosotros en Cristo, nuestro corazón responde con amor y servicio. Isaías no fue enviado porque era perfecto; fue enviado porque había sido transformado por la gracia de Dios.
Muchas veces servimos esperando reconocimiento o recompensa, pero el diseño original de Dios es que nuestro servicio sea una respuesta agradecida a Su amor. La gratitud produce obediencia voluntaria y un deseo sincero de participar en la obra de Dios.
¿Cómo influye la gratitud en nuestra disposición para servir?¿Qué cosas ha hecho Dios en tu vida por las que estás agradecido hoy?
3. Identidad Original
Luego de ser limpiado, Isaías escucha la voz del Señor preguntando: “¿A quién enviaré?”. La respuesta del profeta fue inmediata: “Aquí estoy, envíame a mí”. Su identidad ya no estaba definida por su pecado, sino por la gracia que había recibido.
Isaías 6:8 “Después oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?». —Aquí estoy yo —le dije—. Envíame a mí.”
Cuando olvidamos nuestra identidad en Dios, buscamos valor y aceptación en otras cosas: logros, posesiones, reconocimiento o la opinión de las personas. Pero el diseño original de Dios es que vivamos como Sus hijos e hijas, seguros de Su amor y de nuestro propósito.
Desde esa identidad restaurada podemos responder al llamado de Dios con confianza. No servimos para ganar Su amor; servimos porque ya hemos sido amados. No obedecemos para convertirnos en hijos; obedecemos porque ya somos hijos.
¿Qué cosas suelen competir con tu identidad en Cristo?¿Por qué es importante recordar que somos hijos e hijas de Dios antes de decir “Heme Aquí”?¿Hay algún llamado o desafío de Dios al que necesitas responder con un “Aquí estoy”?
Conclusión
La experiencia de Isaías nos muestra el camino de regreso al diseño original de Dios. Todo comienza con un encuentro genuino con Su presencia. Allí recuperamos la reverencia que produce santidad, la gratitud que genera servicio y obediencia, y la identidad que nos permite vivir como hijos e hijas de Dios.
Cuando estas tres áreas son restauradas, podemos responder como Isaías: “Aquí estoy, envíame a mí”. Dios sigue llamando personas que vivan según Su diseño original y reflejen Su gloria en medio de una generación que necesita conocerlo. Que nuestro deseo sea volver continuamente a Él para ser transformados y cumplir Su propósito.